jueves, 19 de enero de 2017

LA LA LAND de DAMIEN CHAZELLE


Antes de meterme de lleno en la crítica quiero (necesito) hacer un alegato en contra de las personas que van al cine para hablar. Esa gente debería morir fulminada por un rayo, o por lo menos irse a su p... casa para no amargarnos la película a lo demás. Ayer viendo La la land estábamos rodeados de gente, que no contenta con hablar, tenían que hacerlo a gritos. Fuimos tontos y tendríamos que habernos movido, pero por qué narices tengo que irme yo del estupendo asiento que he elegido? En las dos últimas películas que he visto en el cine había tanto ruido que menos mal que el sonido de las pelis lo suelen poner para reventar tímpanos, porque sino a lo mejor la que los revienta soy yo de un sopapo. A vuestra p... casa malditos!!! (Dicho esto, suelo ser una persona encantadora, pero ayer me cabree mucho, y hoy aun no me ha hecho efecto el café). Fin.

Ahora si, ya puedo centrarme en la maravillosa película que vi ayer: La La Land. Considero que este musical gustará hasta aquellos a los que no les gusten los musicales. Tiene un regusto clásico que nos remite a los musicales más grandes de la Historia del Cine. Las canciones y los bailes están en perfecta sintonía con los diálogos. Todo fluye de forma natural como en los grandes clásicos. Y es que esta es una historia clásica. Una historia de chico conoce a chica, la típica historia de amor. Sin embargo, todo es original en ella, todo es mágico. La historia de Mia y Sebastian es preciosa, pero sus propios sueños son sus enemigos, y todo es tan real que duele, y quien la haya visto sabrá de que hablo.


El otro gran amor que vemos en la pantalla es el amor a la ciudad de Los Ángeles, la ciudad de las estrellas. Pero no las estrellas del cielo (que también), sino las que pasean por sus calles, y las que lo hicieron en los años dorados de Hollywood. Como si Ingrid Bergman y Humphrey Bogart les estuvieran observando desde lo alto. Todo el film es un homenaje a Hollywood, donde no es oro todo lo que reluce, pero donde los sueños pueden llegar a cumplirse.

El guión es magistral. No tiene nada estereotipado, ni está lleno de clichés. Es simplemente perfecto. La música fluye entre diálogos divertidos, porque reconozcámoslo, al margen del drama, la película es muy divertida. Tiene unos puntazos muy buenos, y asumamoslo, no todo es gracias al guión, pues son ellos los que dan vida a todo. Emma Stone está auténtica, algo payasa, como se intuye que debe ser ella en la vida real. Es perfecta para el papel de joven actriz que lo único que hace es ir a audiciones y servir cafés en los estudios de la Warner. De ella ya sabía que cantaba y que posiblemente no bailaba mal, pero Ryan Gosling estuvo más de dos meses y medio tocando 4 horas diarias el piano para poder tocar él las canciones. Madre mia! Y hay que reconocer que el esfuerzo ha dado sus frutos pues toca genial. Su actuación es tan perfecta como de la su compañera. El papel parece hecho para él, le pega tanto ser un pianista de jazz torturado porque el mundo no comprende, como hace él, que es el género musical más apasionante del mundo. Una vez más hacen la pareja perfecta, y eso no puede negarlo nadie.


Lo cierto es que no hay nada que criticar a esta película. Es sencillamente mágica. La fotografía es fantástica y nos deja escenas que permaneceran en nuestras retinas para siempre. Es una película para soñadores, pero también para escépticos. Toda ella desprende belleza, amor, melancolía, y es esto último lo que me ha hecho relacionarla con la última peli de Woody Allen, Café Society. Tienen sus diferencias, desde luego, pero ahí están presentes la nostalgia, el amor, el jazz...

La perfección es difícil de alcanzar, pero aquí casi lo han conseguido. Ese epílogo... Sublime. No tengo nada más que decir.


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