viernes, 24 de marzo de 2017

LA BELLA Y LA BESTIA de BILL CONDON


Los remakes son siempre peligrosos. Nunca se sabe si va a ir bien o si se van a destrozar el original, pero lo cierto es que, en esta ocasión, la cosa pintaba bien desde el principio. La bella y la bestia es mi película favorita de Disney desde que era pequeña, Pocahontas la sigue de cerca, pero no llega a alcanzarla. Todo en ella es perfecto: los personajes, la banda sonora, todo. Sin embargo esta nueva versión ha llegado a un nivel que no me esperaba, es fantástica, mucho más de lo que había imaginado inicialmente. Y lo mejor de todo es que no soy la única que lo piensa, hasta los críticos más haters han sabido apreciarla.

Partiendo ya de una buena base es más fácil conseguir un buen resultado, sin embargo los añadidos han resultado ser sumamente interesantes. La historia sigue los mismos pasos que la película de 1991, sin embargo consigue separarse lo suficiente como para que resulte nueva, fresca, y con un carácter propio. Es sumamente interesante que den más protagonismo a los personajes secundarios, así conocemos más sobre su vida y su historia personal. Esto hace que el film resulte más creíble, pues esos detalles que no eran necesarios en el original, si que lo son ahora. 


Se nota que es una película más madura, y esa tridimensionalidad en diversos aspectos es, en parte, gracias a la labor de Emma Watson. No solo con su actuación, sino también con su implicación en el proyecto desde el principio. Ella quiso que Bella fuese algo más que una joven amante de los libros y ansiosa por tener aventuras. Ella ha hecho que Bella sea además inventora como su padre, ha conseguido que no lleve corsé y le ha dado ese toque feminista que ya subyacía en el personaje original. Y lo mejor de todo, no es solo ella la que ha dado un cambio, el personaje de la bestia, el príncipe Adam para el que no lo sepa, es mucho más interesante y profundo también. Él es mucho más que un hombre deprimido que decide mantener a una chica raptada a ver si con suerte se enamora de él. Y esto es la clave de todo, porque Bella no se enamora de él porque tenga síndrome de Estocolmo, se enamora de él porque es el único hombre culto a varios km. a la redonda. Es el único capaz de mantener una conversación larga sobre un libro o sobre cualquier otra materia, pues efectivamente al tratarse de un príncipe, había tenido una educación acorde a ello.


Y esto me lleva a otro de los grandes aciertos del film: la ambientación. Se nota que están en Francia en el siglo XVIII, por el baile inicial en el palacio, por el vestuario, que por cierto es magnífico, y por cada uno de los detalles. Ya no hay una librería en el pueblo, pues no tendría ningún sentido, una buena parte de la población sería analfabeta. Bella consigue los libros que lee de la misera estantería con diez libros que hay en la iglesia. Cierto es que hay otras licencias, pero las perdonare teniendo en cuenta el fantástico resultado final. La escena del baile es sublime (Madre mía!!! Ese vestido amarillo! Y los pendientes que lleva, los quiero para mi. Los necesito).

Otro tema a tratar es el personaje de LeFou. Me parece maravilloso que sea gay. Tiene, por otro lado, tanto sentido que no puedo sino admirar el acierto que ha sido. El actor que lo interpreta  Josh Gad, lo hace genial, y lo mismo digo del resto de actores. Luke Evans como Gastón es absolutamente perfecto, y lo mismo pienso de Dan Stevens como la bestia. 

Por sacar punta a algo diría que me sobraban un poco las canciones nuevas, pero claro, estando tan acostumbrada a las antiguas, estas se me hacían raras en medio de la acción. Al margen de esto, me ha parecido sencillamente una adaptación buenísima. 

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