sábado, 4 de octubre de 2014

MI VECINO TOTORO de HAYAO MIYAZAKI (1988)


Como conté en mi anterior entrada, hay películas que te trasportan a tu más tierna infancia, pero hay otras que aunque no las vimos en ese momento, nos transmiten la misma emoción que si las hubiésemos disfrutado con 5 años. Las películas del Studio Ghibli, el estudio más famoso de animación japonesa y uno de los mejores del mundo, tienen la capacidad de conmover tanto a los más pequeños como a los adultos. Yo diría que junto con Pixar es uno de los pocos estudios de animación capaces de conseguir esta hazaña.

"Mi vecino Totoro" es la cuarta película del estudio y una de las primeras de su director Hayao Miyazaki, famoso en todo el mundo por films como "El viaje de Chihiro", "El castillo ambulante",  y "La princesa Mononoke". 


La historia es absolutamente enternecedora y de una simpleza solo equiparable con un cuento o una fábula. Y, a fin de cuentas, eso es lo que es: un cuento. Un cuento sobre la amistad de dos niñas pequeñas con un espíritu del bosque llamado Totoro, quien las ayuda a superar un momento difícil en que su madre está enferma en el hospital. El padre de las niñas es profesor de universidad y contribuye enormemente a aumentar la portentosa imaginación de sus hijas. 

En mi opinión, lo mejor de la película es la construcción de los personajes. No porque sean de una gran complejidad, sino porque parecen personas de verdad, son auténticos y reales. Desde Satsuki, la hermana mayor a quien se le coge un gran cariño, hasta los encantadores vecinos, siempre dispuestos a ayudar a los demás. Me parece muy tierno el vecino pequeño que tiene la misma edad que Satsuki y que huye cada vez que la ve porque se muere de vergüenza. 

La película tiene también cosas muy japonesas como el gusto por la naturaleza y el mundo de los espíritus, dos partes fundamentales de la idiosincrasia de la sociedad nipona. Todo ello magníficamente ilustrado. Decir que los dibujos de Miyazaki me parecen bonitos se queda bastante corto. Personalmente, creo que a casi cualquier persona con un mínimo de sensibilidad podría emocionarle esta sencilla historia, pues es capaz de sacar al niño que todos llevamos dentro. 

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