lunes, 26 de enero de 2015

AL ENCUENTRO DE MR. BANKS de JOHN LEE HANCOCK (2013): para los nostálgicos amantes de Mary Poppins


Me declaro culpable. Sí, culpable. Culpable de adorar "Mary Poppins" por encima de muchas otras películas de mi infancia. Culpable de haberme comprado hace unos meses la edición especial del 50 Aniversario. Y culpable de haber disfrutado de esta película. 

Bien ensamblada y bien contada. No me importa que se haya exagerado algo el estrafalario proceso por el que Walt Disney consiguió que la indomable P.L. Travers le vendiera los derechos de su novela. Tampoco me importa que se haya (medio)dejado de lado el carácter obsesivo e egocéntrico de Disney (incluso se le ha criticado el haber eliminado su antisemitismo, pero qué tendrá que ver ese tema con la creación del film de Mary Poppins  me pregunto yo. ¿Acaso iba a hacerle algún comentario de ese tipo a Travers mientras intentaba convencerla para que hiciera algo que no quería?). 

A medio camino entre el biopic y un historia sobre el cine dentro del cine, "Al encuentro de Mr. Banks" es un eficaz drama que nos cuenta el infierno que hizo pasar Travers (Emma Thompson) al creador de Mickey Mouse (Tom Hanks), uno de los hombres más influyentes de Hollywood. La personalidad desagradable, quejica y maniática que apreciamos en la escritora poco a poco va siendo comprendida por el espectador gracias a los numerosos flashbacks. El viaje de Travers a Los Ángeles le hace evocar su más tierna infancia y su especial relación con su padre (un convincente Colin Farrell), principal causante de la personalidad de la escritora. 


Desde luego, gran parte del mérito del su retrato reside en la fantástica Emma Thompson, que la interpreta con el justo equilibrio entre emoción y contención. Lo cierto es que uno de los grandes aciertos de la película es el elenco de actores. Tom Hanks está estupendo (como siempre), pero también lo están Colin Farrell, Ruth Wilson, Paul Giamatti, Jason Schwartzman... 

Es un film agradable de ver, absolutamente entrañable para aquellos que, como yo, han disfrutado de la confección de los detalles de esa película que tanto adoramos, ya sea la apariencia de cada uno de los personajes o la composición de esas maravillosas canciones que nos transportan a los tejados del Londres de 1910. Me encanta que Travers se niegue abiertamente a que Dick Van Dyke interprete a Bert, pues todos sabemos que efectivamente acabó haciéndolo. A pesar de ser un relato amable, también tiene su poso amargo, y es esto lo que le da un carácter más interesante a la película haciéndola más creíble, e incluso menos infantil. 

Está narrada con un estilo muy clásico (y poco arriesgado) que, sin duda, es efectivo, especialmente porque la puesta en escena y la fotografía son impecables, y hacen que el disfrute sea también visual. No soy de las que vaya a criticarla achacándole una sobredosis de sentimentalismo pues "con un poco de azúcar esa píldora que os dan, la píldora que os dan, pasará mejor..." 



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