jueves, 8 de enero de 2015

Estreno: THE IMITATION GAME de MORTEN TYLDUM

Enmarcar esta película dentro de la tendencia habitual (y algo trillada) del biopic sería hacerle un flaco favor a este film. No hay nada peor que encasillar o generalizar, en cualquier ámbito de la vida, y el cine no es ajeno a ello. 

The imitation game es una producción británica y americana. La Weinstein Company, la productora de los hermanos Weinstein que son los dueños de Hollywood a efectos prácticos, nunca falta a la hora de poner una película a principios de año para asegurarse unas cuantas estatuillas. Sin embargo, el talento puesto en esta película es, sin duda, inglés, al igual que su historia.

El criptógrafo y profesor de Cambridge de matemáticas Alan Turing es contratado por el gobierno inglés durante la II Guerra Mundial para un proyecto de alto secreto: descifrar Enigma, la máquina que los nazis utilizaban para comunicarse en un código imposible de desencriptar. Paralelamente, y a través de flashbacks y flashforwards, la película nos introduce en los años de colegio de Alan, cuando comienza a gestarse la gran figura que llegará a ser, así como su evidente homosexualidad. Por otra parte, presenciamos los últimos años de su vida, marcados por la intolerancia y homofobia del país.


Benedict Cumberbatch se come la pantalla interpretando a Turing. Él mismo ha reconocido que nunca había perseguido un papel tanto como este. Ya hace tiempo que ha quedado claro que es un actor descomunal y esto queda perfectamente reflejado en la película. Su interpretación es emotiva y visceral, no solo en su rostro, sino también en su forma de estar en el espacio, de interactuar con los otros personajes e incluso los gestos de sus manos. Simplemente impresionante.

El resto del reparto está a la altura de las circunstancias. Keira Knightley está fantástica (como siempre) interpretando a la única mujer del grupo de criptógrafos que tratan de descifrar Enigma. A este pertenecen también Matthew Goode (Watchmen, Stoker, Death comes to Pemberley) y Allen Leech, conocido por su papel en Downton Abbey. Ambos perfectos en su papel, como también lo están Charles Dance y Mark Strong.


La buena calidad de la película no solo está en sus interpretaciones, también en la fotografía y la factura general del film. Con una puesta en escena impecable, basada practicamente en escenas de interiores, son capaces de transmitir la lejanía que había entre ellos y la guerra real. Estuvieron lejos incluso de los terribles bombardeos que hubo sobre Londres. De este modo, vemos la distancia necesaria para el trabajo que llevaron a cabo pero que fue decisivo para ganar la guerra. Debido a estas circunstancias no estamos ante una película de guerra, sino una película cuyo punto fuerte está en el guión y en sus actores.

Es un film clásico y elegante, sin artificio. Una grandísima historia, que debería haber sido contada hace mucho tiempo, sobre un hombre, un genio, que cambió el destino de la guerra y de la Historia.



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