domingo, 12 de enero de 2014

THE GRANDMASTER de WONG KAR-WAI



Wong, viejo amigo, me alegra verte de nuevo. Tenía ya unas ansias enormes de que estrenaran tu película, porque, sinceramente, "My blueberry nights" la estrenaste en 2007, y ya iba siendo hora, que pareces George R.R. Martin con Canción de hielo y fuego (y esto no es un cumplido).

Dicho esto, empiezo con tu nueva película. The Grandmaster se ha vendido al mundo como una película sobre Ip Man, el maestro de artes marciales de Bruce Lee, sin embargo no ha sido nunca la intención de Wong hacer un biopic sobre este peculiar personaje, y mucho menos sobre como Ip Man entrenó a Bruce Lee o cualquier otra cosa parecida. Su intención mas bien ha sido hacer un retrato de la época en la que vivió Ip Man, un retrato de como las artes marciales han marcado la vida de los chinos y como ha evolucionado todo ello con el paso del tiempo, por supuesto, teniendo a Ip Man como punto de referencia. 


Sin embargo, cabría destacar que el título original de la película no es The grandmaster, sino The Grandmasters en plural, pues Ip Man (interpretado magistralmente por Tony Leung chiu-wai) no es el único maestro que aparece en la película, y ahí es donde entra Gong Er, una hermosa mujer (interpretada con la elegancia habitual de Zhang Ziyi) que tiene una filosofía sobre las artes marciales y sobre la vida totalmente opuesta a la de Ip Man. A mi modo de ver, Wong ha pretendido mostrar la diversidad que ha habido siempre en las artes marciales chinas. Las diferencias entre el sur de China (Foshan, de donde es Ip Man) y el norte (Manchuria, de donde es Gong Er); entre el Wing Chun, practicado por Ip Man, y el Ba Gua, practicado por Gong Er; entre la lluvia constante del sur y la nieve del norte; entre lo horizontal y lo vertical.

Por otra parte, hay un último maestro que merece nuestra atención, y es "El cuchilla" interpretado por Chang Chen. Este personaje aparece de forma esporádica en la película, pero en ningún momento se nos explica quien es exactamente, ni que pinta en la historia ni nada de nada, y por mas que he investigado no he descubierto nada sobre este personaje, aunque aparece en una de las escenas más hermosas de la película. Es posible que nos hayamos perdido la historia de este personaje ya que la película ha tenido que ser cortada y no aparece en la versión final todo el material que Wong rodó, además de que el montaje realizado para su estreno en Occidente no es el mismo que para China. En cualquier caso, Wong Kar-Wai no es muy dado a la construcción narrativa convencional. 


Al margen de este tema, Wong retoma algunas de sus constantes como no cabía esperar otra cosa. Obviamente está el desamor, su tema predilecto y que no podía faltar, pues sus protagonistas son siempre personas heridas, que parece que huyan de la felicidad. También nos encontramos con sus habituales estilemas técnicos y estéticos. Su estilo personal no ha variado por mas que sea una película muy diferente a las demás (“Ashes of time” es, a parte de esta, la única película que ha dedica al wuxia), sigue siendo tan maravillosa y visualmente poderosa como las demás. 

La ciudad vuelve a ser el marco de su historia, y como siempre son ciudades melancólicas, acorde con los sentimientos de los protagonistas, los cuales se cruzan en sus lugares comunes y típicos en las películas de Wong, como son los restaurantes, los trenes, los callejones... Su particular uso de la cámara hace de las escenas de lucha una delicia, algunas de estas escenas son fantásticas, como la pelea de la estación que ha sido la más glorificada por la crítica en general. Los rótulos temporales, ralentís, y la voz en off son nuevamente usados para cubrir las lagunas de la narración, y en mi opinión no molestan para nada, es más los críticos que han dicho que estos intertítulos molestan es que nunca han visto una película de Wong o no han comprendido su cine. 


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