martes, 10 de septiembre de 2013

EROS de MICHELANGELO ANTONIONI, STEVEN SODERBERGH Y WONG KAR WAI (2004)

Se trata de una película dividida en tres capítulos, cada uno de ellos dirigido por un director diferente. Los temas comunes de los tres episodios son el amor, el erotismo, la sensualidad…



El primer capítulo, The dangerous thread of things”, es el de Michelangelo Antonioni. La acción se encuentra en la Toscana, donde un matrimonio aburrido se dedica a discutir; la pasión del marido resurge cuando conoce a una misteriosa mujer. Francamente, ha sido demasiado tópico, demasiado… Incluso la escena de sexo que se supone que es el culmen de este capítulo ha sido bastante rollo. Antonioni, amigo mío, ¿Qué te ha pasado? Tú antes hacías cosas interesantes, no digo que haya que llegar al nivel de El eclipse o La aventura, pero un poco de calidad no estaría demás, aunque sí estaría de menos tanta pedantería.



El segundo capítulo, “Equilibrium”, es el dirigido por Steven Soderbergh. Soderbergh, más conocido por Ocean’s Eleven y el resto de películas dedicadas a Danny Ocean y los suyos, nos cuenta la historia de un ejecutivo neoyorquino en 1955, que estresado de la vida, va a terapia, donde confiesa que tiene un recurrente sueño sobre una hermosa mujer a la que no puede identificar. Sin duda, las imágenes en blanco y negro, y las escenas del sueño, son bastantes más interesantes en sí mismas que la propia historia, y no es que Robert Downey Jr. y Alan Arkin lo hagan mal, pero es que me ha parecido un soberano coñazo.



Y por fin llegamos al tercer capítulo, el de Wong Kar Wai, “La mano”. Una vez más, Wong Kar Wai nos deja boquiabiertos. Vuelve a trasladar la acción a sus añorados años 60, donde el aprendiz de sastre Zhang (Chang Chen), se enamora de la señorita Hua (Gong Li), mujer inalcanzable para él y para la que realiza unos hermosos vestidos. He aquí el eterno tema de Wong, el desamor. Nos muestra a su típico personaje doliente, que recuerda con nostalgia el pasado a través de una serie de flashbacks que muestran una época pasada más feliz que el momento presente. Los personajes no muestran directamente sus sentimientos, sino que el espectador debe intuirlos a través, no solo de las actuaciones de los actores, sino también de la puesta en escena que expresa lo que los personajes no son capaces de decir.


A mi modo de ver la única razón para ver esta película es la última parte de esta, el mediometraje de Wong Kar Wai, y no porque yo lo adore, sino porque realmente es el único episodio que merece la pena. Si quereis ver algo interesante de los otros dos directores recomiendo “La aventura” de Antonioni, y “Sexo, amor y cintas de video” o “Erin Brockovich” de Soderbergh.


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